Mi confrontación con la docencia
Soy Trabajador Social egresado, en primera instancia, de lo que hace tiempo fue el CET No. 7 de Trabajo Social, actualmente, Cetis No. 5 de Trabajo Social. Mi primera título obtenido, por ende, fue el de Técnico Profesional en Trabajo Social.
Mi objetivo nunca fue estudiar esta carrera (Trabajo Social), anhelaba ser Ingeniero Mecánico, egresado del Instituto Politécnico Nacional por lo que mis estudios en la educación media superior los inicié en la Vocacional No. 4 del IPN.
Debido a circunstancias que no vienen al caso comentar, me vi en la necesidad de abandonar mis estudios e iniciar mi vida laboral para ayudar económicamente a mi familia. Siempre mantuve la esperanza de retomar mis estudios y por azares del destino conocí a la madre de un amigo (enfermera ella) y me comentó acerca de la carrera de Trabajo Social. En lo particular desconocía la existencia de tal profesión pero mi interés por estudiar “algo” me motivo a aceptar la propuesta y presenté mi examen de admisión al CET No. 7 de Trabajo Social, siempre con la esperanza de volver al IPN, lo que nunca sucedió.
El tiempo pasó y terminé mis estudios como técnico profesional en Trabajo Social y coincidentemente, en el año de 1977, cierran la Penitenciaria del Distrito Federal (el antigüo “Palacio Negro de Lecumberri”) y ponen en funcionamiento los Reclusorios Preventivos “Norte” y “Oriente”, en los cuáles solicitaban Trabajadores Sociales obteniendo una de las plazas que ofrecían. Laboré en el Reclusorio Oriente durante 5 años.
Alguna vez tuve la necesidad de realizar un trámite administrativo en el CET No. 7 y al encontrarme con mis profesores, una de ellas me invitó a participar como docente en la asignatura de Prácticas y Teoría de Trabajo Social. La decisión fue difícil ya que me encontraba satisfecho con mi trabajo en el Reclusorio Preventivo Oriente pero, en la escuela me ofrecían mejor sueldo y menos tiempo laboral.
Al principio solo tenía 10 horas en la escuela y pude, durante un año, combinar ambas actividades. Posteriormente me otorgan más horas y me ví precisado a renunciar al Reclusorio por incompatibilidad de plazas.
Mi ingreso a la DGETI se sucede en el año de 1981, por invitación de una de mis maestras, al frente de un grupo de Prácticas de Trabajo Social, muy pronto me incrementan las horas y me dan otras materias (métodos de investigación social, teoría de trabajo social, matemáticas I, entre otras), iniciando así mi aventura como profesor de la escuela de trabajo social.
Durante estos veintinueve años de labor docente, obviamente, he tenido experiencias excelentes, buenas, malas y peores...
Recuerdo mi primera vez en el salón de clases, nervioso al máximo, habiendo preparado mi tema para una hora y verlo terminado en quince minutos, sin saber qué hacer o decir y, para colmo, al poner la mano sobre el pizarrón la dejo marcada con el sudor... me quería morir y regresar a mi labor al Reclusorio.
No se cómo ni cuándo mi labor docente me comenzó a otorgar satisfacciones no esperadas y con ello, mi identificación con ese rol que me tocaría jugar hasta la fecha.
Mi sentir acerca de mi labor como profesor transita entre la satisfacción de poder transmitir a los alumnos los conocimientos que poseo (realmente no se si lo logro) y ser parte de su formación como individuos y profesionistas y la angustia de no estar haciendo lo correcto y, al final, ser corresponsable de los tropiezos de los que, alguna vez, fueron responsabilidad mía.
De cualquier manera ser docente en educación media superior me ha permitido realizarme y sentirme útil, amén de que esta actividad ha sido el motor para mi superación profesional y personal.
Cierto es que he tenido momentos de gran satisfacción al encontrarme, por ejemplo, a muchos de mis alumnos ocupando puestos de Trabajo Social (ocasionalmente de dirección) en algunas instituciones y que me han reconocido al recordar con afecto situaciones compartidas en el aula, pero también vienen a mi memoria períodos de frustración en los que no he sido capaz de orientar adecuadamente a los alumnos.
Todo ello forma parte de lo que ahora soy y tengo la plena seguridad de aun es tiempo de procurar las herramientas necesarias para mejorar, en el aula, lo realizado hasta el momento.
