LOS LIBROS SON VIDA

LOS LIBROS SON VIDA
Todas las respuestas se encuentran en los libros: LEAMOS

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia

Mi confrontación con la docencia


Soy Trabajador Social egresado, en primera instancia, de lo que hace tiempo fue el CET No. 7 de Trabajo Social, actualmente, Cetis No. 5 de Trabajo Social. Mi primera título obtenido, por ende, fue el de Técnico Profesional en Trabajo Social.

Mi objetivo nunca fue estudiar esta carrera (Trabajo Social), anhelaba ser Ingeniero Mecánico, egresado del Instituto Politécnico Nacional por lo que mis estudios en la educación media superior los inicié en la Vocacional No. 4 del IPN.

Debido a circunstancias que no vienen al caso comentar, me vi en la necesidad de abandonar mis estudios e iniciar mi vida laboral para ayudar económicamente a mi familia. Siempre mantuve la esperanza de retomar mis estudios y por azares del destino conocí a la madre de un amigo (enfermera ella) y me comentó acerca de la carrera de Trabajo Social. En lo particular desconocía la existencia de tal profesión pero mi interés por estudiar “algo” me motivo a aceptar la propuesta y presenté mi examen de admisión al CET No. 7 de Trabajo Social, siempre con la esperanza de volver al IPN, lo que nunca sucedió.

El tiempo pasó y terminé mis estudios como técnico profesional en Trabajo Social y coincidentemente, en el año de 1977, cierran la Penitenciaria del Distrito Federal (el antigüo “Palacio Negro de Lecumberri”) y ponen en funcionamiento los Reclusorios Preventivos “Norte” y “Oriente”, en los cuáles solicitaban Trabajadores Sociales obteniendo una de las plazas que ofrecían. Laboré en el Reclusorio Oriente durante 5 años.

Alguna vez tuve la necesidad de realizar un trámite administrativo en el CET No. 7 y al encontrarme con mis profesores, una de ellas me invitó a participar como docente en la asignatura de Prácticas y Teoría de Trabajo Social. La decisión fue difícil ya que me encontraba satisfecho con mi trabajo en el Reclusorio Preventivo Oriente pero, en la escuela me ofrecían mejor sueldo y menos tiempo laboral.

Al principio solo tenía 10 horas en la escuela y pude, durante un año, combinar ambas actividades. Posteriormente me otorgan más horas y me ví precisado a renunciar al Reclusorio por incompatibilidad de plazas.

Mi ingreso a la DGETI se sucede en el año de 1981, por invitación de una de mis maestras, al frente de un grupo de Prácticas de Trabajo Social, muy pronto me incrementan las horas y me dan otras materias (métodos de investigación social, teoría de trabajo social, matemáticas I, entre otras), iniciando así mi aventura como profesor de la escuela de trabajo social.

Durante estos veintinueve años de labor docente, obviamente, he tenido experiencias excelentes, buenas, malas y peores...

Recuerdo mi primera vez en el salón de clases, nervioso al máximo, habiendo preparado mi tema para una hora y verlo terminado en quince minutos, sin saber qué hacer o decir y, para colmo, al poner la mano sobre el pizarrón la dejo marcada con el sudor... me quería morir y regresar a mi labor al Reclusorio.

No se cómo ni cuándo mi labor docente me comenzó a otorgar satisfacciones no esperadas y con ello, mi identificación con ese rol que me tocaría jugar hasta la fecha.

Mi sentir acerca de mi labor como profesor transita entre la satisfacción de poder transmitir a los alumnos los conocimientos que poseo (realmente no se si lo logro) y ser parte de su formación como individuos y profesionistas y la angustia de no estar haciendo lo correcto y, al final, ser corresponsable de los tropiezos de los que, alguna vez, fueron responsabilidad mía.

De cualquier manera ser docente en educación media superior me ha permitido realizarme y sentirme útil, amén de que esta actividad ha sido el motor para mi superación profesional y personal.

Cierto es que he tenido momentos de gran satisfacción al encontrarme, por ejemplo, a muchos de mis alumnos ocupando puestos de Trabajo Social (ocasionalmente de dirección) en algunas instituciones y que me han reconocido al recordar con afecto situaciones compartidas en el aula, pero también vienen a mi memoria períodos de frustración en los que no he sido capaz de orientar adecuadamente a los alumnos.

Todo ello forma parte de lo que ahora soy y tengo la plena seguridad de aun es tiempo de procurar las herramientas necesarias para mejorar, en el aula, lo realizado hasta el momento.

Mi aventura de ser docente

Mi aventura de ser docente

La lectura del documento “La aventura de ser maestro” de José M. Esteve, me permitió observar algunas semejanzas con las experiencias vertidas, por quienes integramos este grupo de especialidad, en el foro ¿Cómo percibo mi docencia?.

Particularmente, me sentí retratado en muchas de las situaciones planteadas, transportándome hacia momentos, placenteros y no, realmente significativos en mi trayectoria docente y con ello, la posibilidad de revalorar la importancia de ser maestro.

Rescato, en las siguientes líneas, algunos planteamientos que me parecen relevantes.

Cierto es que el hacer docente, incluso cuando se cuente con herramientas teórico – pedagógicas, se aprende en el aula, pero, incluso, esto se torna imposible en tanto no se desee ser maestro.

Cuántos y cuántos compañeros nos pasamos años en el aula, renegando de las actividades y del rol que nos tocó jugar... y digo “que nos tocó” porque la mayoría nunca pensamos ser maestros y muchos, aún, no lo asimilan.

El sentirse maestro incluye la decisión de “ser uno por uno mismo” y ello permite, como plantea el autor, “pensar y sentir”, “sentir y pensar”, fórmula perfecta para dejar de ser autómatas de la enseñanza.

Revalorar el papel del profesor, (hablo de una revaloración personal) es fundamental en la búsqueda de una identidad que parece extraviada y que obstaculiza el logro de los objetivos académicos, porque ¿Cuánto hemos perdido los maestros en reconocimiento?... y ¿qué hacer para rescatarnos a nosotros mismos?...

Es necesario entender que la labor docente consiste en un eterno compartir con la comunidad escolar y un motivo de placer y no de angustia.

Debemos ser capaces de inculcar en los alumnos la inquietud de encontrar respuestas a sus preguntas cotidianas y/o significativas, demostrando que sólo a través del conocimiento podemos entendernos y comprender a los demás.

Es menester mostrar que el motivo de nuestros esfuerzos son los propios alumnos y, por ende, debemos renovarnos en aras de encontrar la manera más adecuada de comunicarnos e interactuar con ellos, ya que cada grupo, cada alumno y cada espacio-tiempo son diferentes.

Ganarse “la libertad y el derecho” de ser maestro implica una gran responsabilidad, pero al mismo tiempo, la posibilidad de disfrutar cada día de las actividades realizadas y los logros alcanzados.

La frase “ganarse el derecho” de ser maestro, encierra una gran verdad, nadie regala nada y uno es maestro no por el título, sino por ser reconocido, como tal, por los alumnos.

Otro aspecto que me pareció relevante en la lectura se refiere a la humildad, esta actitud que nos permite vernos como entes falibles y por lo tanto candidatos a superarnos.

Cuántos veces asumimos actitudes soberbias creyéndonos los “sabelotodo” y humillando, de paso, a nuestros alumnos, olvidando que estamos, como se menciona en el documento “al servicio del aprendizaje de los jóvenes”, lo que implica ocuparse de uno mismo a favor de los otros, siendo necesario “reconvertir” lo que se sabe para hacer posible la transmisión de conocimientos.

No perdamos de vista que la identidad profesional, la comunicación e interacción, la disciplina y los contenidos, proporcionan la libertad de enseñar; recordemos que las estrellas del sistema educativo son los alumnos, en ellos deben estar puestos los reflectores; el “espacio escuela” no es un campo de batalla en el cual se enfrentan maestros y alumnos.

Rescatemos y dignifiquemos con nuestras acciones y actitudes la labor docente, el profesor que se niega a sí mismo, atenta contra sí mismo y contra la encomienda de transmitir sus conocimientos.

Los saberes de mis estudiantes

Hablando con los alumnos acerca del uso de las “nuevas tecnologías” es significativo comentar que para ellos es más importante contar con un teléfono celular (entre más funciones mejor) que hacer uso de la Internet.

Al respecto, el 90% de los alumnos (hablo de un grupo de 46) cuenta con un teléfono celular que, generalmente, es usado para enviar mensajes, hacer llamadas telefónicas, guardar/escuchar música y tomar/guardar fotografías.

En cuanto al uso de la Internet se pudo detectar la situación expresada a continuación:

1. Lo que los estudiantes saben hacer en Internet

Con base en las técnicas de observación y entrevista puedo concluir que mis alumnos utilizan la Internet como resorvorio para:

- Obtener información para la realización de las tareas escolares.
- Consultar significados y definiciones de palabras poco utilizadas.
- Complementar investigaciones documentales de temas variados y específicos.
- Obtener imágenes y sonido para elaborar presentaciones en Power Point.

Otro de los usos que le asignan a la Internet esta relacionado con:

- La posibilidad de bajar música, videos y fotografías de sus artista favoritos.
- El entretenimiento individual (juegos en línea)

La Internet como espacio social es menos utilizada, pero se pueden mencionar los siguientes aspectos:

- Creación de espacios personales para compartir fotografías.
- Utilización de los portales que permiten una comunicación instantánea (chat) entre grupos de amigos (Skype, Messenger, W-live, etc.).
- Envío de “correspondencia” (mensajes) por medio de los e-mails.

La Internet, en general, no es utilizada para realizar compras o ventas y colaborar u obtener asistencia técnica y /o profesional.

Es importante mencionar que no es común el uso de esta herramienta para el fortalecimiento de redes sociales.

2. ¿Qué podemos hacer para aprovechar esos saberes en el aula?

En primer lugar debemos hacer consciencia en los alumnos para que perciban a la Internet como una herramienta que, bien utilizada, puede representar una amplia gama de posibilidades para adquirir y compartir conocimientos, para crear redes sociales que nos faciliten procesos de acercamiento entre los seres humanos y trabajar aspectos como la creatividad, la iniciativa y la colaboración entre compañeros.

Es menester, para ello, provocar la curiosidad de los alumnos y establecer equipos (con saberes similares) para compartirlos entre los demás grupos.

Para socializar los saberes particulares se podrán utilizar las herramientas virtuales que cada equipo domina y explicar la utilidad de cada uno, además de realizar ejercicios de evaluación.

3. ¿Quién va a enseñar a quién y qué le enseñará? Y ¿dónde lo harán?

La enseñanza será multidireccional, es decir, todos sabemos algo que queremos enseñar y todos ignoramos algo que queremos aprender. La palabra clave será “querer”, si todos queremos enseñar y aprender no habrá dificultad alguna para que la información circule y fluya en todas direcciones.

Se habló en el punto anterior que se formarán equipos de alumnos con conocimientos similares y específicos y cada uno de ellos socializará sus saberes entre los demás equipos.

Facilitador y alumnos formarán un solo todo en donde nadie será más importante que otro y el objetivo común será que al final de las actividades todos los integrantes del grupo cuenten con los mismos conocimientos sobre la utilidad de la Internet.

La producción de materiales para la socialización de conocimientos se hará:
- En forma virtual utilizando, en horarios definidos, los “Café Internet”.
- En el área de Internet de la escuela (sala de cómputo).
- En las aulas de la escuela que cuenten con servicio de Internet.